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CASCARILLA

Existen al menos 24 especies aceptadas científicamente dentro del género Cinchona, conocido popularmente como el árbol de la quina o cascarilla, tan famosa mundialmente por su corteza como la ciudad donde se descubrió, y de donde se extraía la quinina para tratar la malaria. 

Hay objetos que no solo cuelgan de una pared, sino que respiran historia. Este es uno de ellos. Corría el año de 1769 cuando la Corona española, urgida por comprender y proteger uno de los tesoros más codiciados de sus dominios americanos, encargó levantar un mapa minucioso de la Provincia de Loja. No se trataba de trazar caminos ni fronteras administrativas, sino de algo mucho más vital: señalar, árbol por árbol, monte por monte, dónde crecía la Cinchona officinalis, la cascarilla, la quina. 

"Aquella corteza modesta y amarga era, en ese entonces, el único remedio conocido en el mundo entero capaz de vencer las fiebres tercianas del paludismo. Loxa —así se escribía entonces, con esa equis antigua que hoy nos suena casi exótica— aparecía en el centro de ese mapa como el corazón de una geografía sagrada: la geografía de la salud del mundo"

Ese mapa original, hoy custodiado en el Archivo General de Indias de Sevilla, es un documento de valor incalculable. Pero lo que aquí se conserva es otra historia, igualmente entrañable. El Ecuador se preparaba para celebrar el Centenario de su independencia, y en Loja, el gobernador de entonces, el Dr. Pío Jaramillo Alvarado —hombre de letras, de memoria histórica y de profundo cariño por su tierra— tuvo una idea tan sencilla como conmovedora: en lugar de conmemorar la gesta libertaria únicamente con desfiles y discursos, quiso recordar también aquello que había hecho grande a Loja ante los ojos del mundo, aquella planta que generaciones enteras de cascarilleros habían cosechado hasta casi extinguirla de sus montañas nativas.

Encargó entonces al artista quiteño Rafael Salas Oquendo la elaboración de una réplica de aquel mapa dieciochesco. El pintor, litógrafo, trabajó con devoción de copista y de artista a la vez, dando nueva vida a los trazos coloniales, a los nombres de montes y ríos, a los símbolos que señalaban los bosques de quina. La obra quedó fechada en Quito el 18 de diciembre de 1920, y un mes más tarde, como un peregrino que regresa a su origen, llegó finalmente a Loja: la ciudad que le había dado sentido.

Así, esta litografía no es solamente una copia. Es un homenaje dentro de otro homenaje: en 1920, en plena fiesta de la libertad política, alguien tuvo la lucidez de recordar también la libertad que la quina lojana había dado al mundo entero frente a una enfermedad que no conocía fronteras ni banderas. Es la historia de un árbol convertido en símbolo, de una provincia que curó al planeta, y de un gobernador que entendió que la verdadera independencia también se celebra honrando las raíces.

Hoy, casi un siglo después de aquella réplica, y más de dos siglos y medio después del mapa original, esta pieza sigue contando la misma historia: la de Loja, cuna de la quina, guardiana de un secreto que salvó millones de vidas.

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