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LAS HACIENDAS DE ANA MARIA CARRIÓN

Cuando Ana María Carrión murió en Loja aquel octubre de 1862, dejó tras de sí no solo objetos y plata labrada, sino un imperio de tierra que hablaba de décadas de trabajo, administración y visión. 

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La Estancia de Amable María: el corazón de su patrimonio

La joya más valiosa de su patrimonio rural era la estancia de Amable María, tasada en casi once mil pesos —la propiedad individual más cuantiosa de todo el inventario—. No era solo tierra: contaba con cinco potreros, una casa de habitación donde probablemente ella misma residía en temporadas de campo, alfalfares para sostener a su ganado, y hatos de ganado vacuno y yeguarizo. Era, en esencia, una unidad productiva completa: forraje, vivienda, tierra de pastoreo y animales, todo integrado.

El nombre mismo de la hacienda —"Amable María"— sugiere una propiedad bautizada quizás en honor a alguien querido, o con un afecto particular que hoy solo podemos imaginar.

Entre Amable María y Zalapa, Ana María controlaba once potreros, un sistema de pastoreo extenso que revela una operación ganadera de gran escala para la época.

La Estancia de Zalapa: la expansión ganadera

A poca distancia en valor, la estancia de Zalapa sumaba diez mil pesos más al patrimonio. Con seis potreros, esta propiedad diversificaba el tipo de ganado: no solo vacuno y yeguarizo, sino también mular, animales de carga fundamentales para el transporte en la geografía escarpada de la región lojana del siglo XIX.

 

La Cuadra de Félix Ortega: la pieza menor

Completaba sus propiedades de tierra una cuadra adicional —una unidad de medida agraria menor— que había pertenecido o llevaba el nombre de Félix Ortega, valorada en 600 pesos. Modesta en comparación con las dos grandes estancias, pero parte igualmente del entramado de tierras que la difunta había reunido en vida.

Tamburara y Fumianuma: el ganado que llegó después

Lo más revelador ocurre meses después de su muerte. En enero de 1863, cuando el inventario ya parecía cerrado, aparecen 33 cabezas de ganado adicionales, provenientes de dos haciendas más: Tamburara y Fumianuma. Estas 375 pesos que se sumaron al final sugieren que Ana María tenía vínculos —de propiedad, de préstamo, de aparcería— con haciendas cuya relación exacta el documento no detalla del todo. ¿Eran suyas también? ¿Tenía ganado a partal en tierras ajenas? El archivo no lo aclara, pero confirma que su red de intereses rurales se extendía más allá de las tres propiedades principales.

Esto retrata a Ana María Carrión no como una simple heredera de objetos preciosos, sino como una terrateniente y ganadera de peso en la Loja decimonónica: una mujer cuya riqueza estaba fundamentalmente anclada en la tierra, el pasto y el ganado que estas haciendas producían, administrada con la suficiente solidez como para que, incluso meses después de su muerte, siguieran apareciendo cabezas de ganado que sumar a su legado.

Sumando las tres propiedades principales —Amable María, Zalapa y la cuadra de Félix Ortega— las haciendas y tierras representaban aproximadamente 21,600 pesos de un total bruto de 39,119 pesos y 1 real. Es decir, más de la mitad de toda su fortuna estaba invertida en tierra y ganado, muy por encima del valor de la plata labrada, las telas finas o los objetos domésticos que también formaban parte del inventario.de Asia.

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