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TIERRAS, GANADO Y SUCRES

Loja, 8 de marzo de 1901. Dos hombres se sientan ante un escribano: Manuel María Eguiguren, soltero, y David Farres, casado. Lo que están a punto de firmar no es un simple papel de arriendo. Es el retrato completo de una hacienda lojana, congelada en el tiempo.

Eguiguren entrega en arrendamiento su estancia "Concepción", en la parroquia de San Juan del Valle. Seis años forzosos, dice el contrato. Quinientos sucres anuales los dos primeros años, seiscientos los siguientes cuatro. Farres podrá sembrar, cosechar, explotar los bosques, criar ganado.

Y ahí aparecen los linderos, que son casi un mapa familiar: al norte, la estancia "Zalapa" de Virginia Eguiguren; al occidente, "Tenería", de Josefina Eguiguren. 

Pero lo más fascinante viene después: el inventario. Veinticuatro vacas madres. Siete yeguas. Catorce cuyes. Piedras de moler, hachas, una chacana. Una casa de adobe y teja con tres piezas. Es el inventario de una vida entera, transcrito con precisión notarial.

 

Farres, para garantizar los pagos, hipoteca su propia casa en Loja, en la esquina de Olmedo y Veinticuatro de Mayo. Todo queda sellado por el Colector Fiscal Justo Carrión, e inscrito por Rubén Bustamante en abril de ese mismo año.

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